Nunca se deja de ser madre ni padre

Para una madre o padre un/a hij@ siempre es su pequeñ@. Menos mal, porque hay veces que como hij@s sin darnos cuenta, sólo sabemos sacar lo peor del niño que llevamos dentro con las personas que más queremos.

Ser madre o padre lleva en ocasiones y por temporadas a sujetar más el temperamento de los hij@s, que cuando ést@s eran adolescentes. El crecimiento de cada uno es personal e intransferible. Por ruin que parezca un/a hij@ adulto en el trato con sus padres, siempre tiene la oportunidad de crecer y cambiar, igual que cuando era pequeñ@.

¿Cuándo se es suficientemente maduro?

Ese desplante reciente toma nota de algo nuevo e inesperado que a tu hij@ le queda por asimilar. Y ahora, desde la arrogancia responde de forma insolente e inoportuna, porque nunca se ha visto envuelto en estas tesituras.

Su respuesta sólo es de rabia, pero no contigo, sino con la vida que le ha puesto a conjugar verbos en frases incompletas. Cuando creía que titulaba con notable alto, se ha encontrado suspendid@ en madurez emocional y asignaturas de vida, por las que en este momento sólo el/ella tiene el reto y las claves para superar.

Reconocer necesidades y problemas es el primer paso para superarlos

El revolcón no se lo quita nadie, pero llegará el momento de volver a ponerse de pié y hablar contigo como madre o padre de tu a tu, sin sentirse cuestionad@. Porque aunque ni lo intentes, ese sentimiento ahora le pertenece, lo lleva consigo.

Así que mientras sigue aprendiendo, no le tengas en cuenta las formas ni el contenido, porque sólo son una muestra de confianza de alguien que te quiere, sin pararse a valorar cómo lo hace. En este momento no está preparad@ para entender, que salda contigo su impotencia ante las contrariedades del camino, como hacía en su adolescencia cuando reclamaba, con razón, comer en la mesa de los mayores.

Solicitar ayuda es un reto y un crecimiento para el que tiene la necesidad

Tampoco desesperes por ayudarl@. El amor de madre o padre símplemente pide que acompañes. Permanece ahí, que a su tiempo dará el salto desde la humildad si te siente cerca.  En ese momento reconocerás contigo esa buena persona, que criaste y educaste con la mejor de tus artes. Fíate de ti mism@, porque no lo hiciste mal. Tu reto es seguir tu andadura, enseñando a los demás que para obtener ayuda también hay que saber pedirla. Date permiso para desestancarte, que probablemente eso beneficie a todos a la larga y deje la impronta de una huella de vida  indiscutible e idiosincrásica, la tuya.

Únete a la conversación

1 comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  1. Siempre es interesante valorar las diferentes perspectivas desde donde poder ver las cosas ya vida. Gracias Amado!