Para todo existen segundas oportunidades, pero ¿ hasta qué punto merece la pena pasar por el menosprecio para llegar al aprecio?

Es un reto que pone a prueba nuestra capacidad de resistencia (actitud), puntualmente a cada segundo de la representación, poniendo zancadillas a modo de pre-juicios antes de que la motivación trate de ponerse de nuevo en pie. Tal vez sea mejor probar si la función en segunda oportunidad pasa por primera en otro escenario.

El baúl con nuestro decorado y vestuario lo llevamos a cuestas. Y este público nos sabotea. Antes de tratar de llegar a ellos de nuevo y barajando la probabilidad de perder el tiempo. Aunque sólo sea por dignidad, ¿ Y si nos vamos con la música a otra parte?

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