Igual que el amor mueve montañas, la ilusión mueve sueños. La motivación para superarse desde el optimismo nos lleva a pensar que podemos llegar a donde nos planteemos.  La frustración aparece cuando aspiramos a expectativas a las que posteriormente no llegamos. Está unida a emociones estancas de rabia o resignación. Es sano tratar de cambiar esas emociones por pena.

La pena es dinámica y conlleva la aceptación de que no sincronizaste tu reloj con el del momento oportuno para el reto planteado. Algo parecido ocurre cuando quieres llegar por ferrocarril a una ciudad sin estación. ¿ Qué haces? Aceptas la pena de llegar tarde y cambias de medio de transporte. La pena permite la flexibilidad suficiente para adaptarte a los inconvenientes del camino.

Pídete la Luna si te das tiempo para alcanzarla, pero tampoco titubees, porque el tiempo que te queda para llegar a ella es limitado, y jústamente hoy hace 70 años que no está tan cerca de nosotros.

Escrito originalmente el 14 de Noviembre de 2016

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1 comentario

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  1. Todas las lunas llenas nos acordamos que la luna existe y quizás, aún, hasta le pedimos deseos, como seguramente han hecho los hombres desde antiguo. Sin embargo, a veces, quizás más a menudo de lo aconsejable, hasta nos “pedimos la luna” a sabiendas, o no, de poder alcanzarla. Cada uno tiene su propia “luna” que va cambiando con el devenir de la vida y, lo que muestra la justicia o injusticia, con el paso del tiempo algunos si alcanzan la luna y otros no. Es un poco como “el estúpido sueño de llegar por ferrocarril a una ciudad sin tren”. Pues eso, parece que con el tiempo, la suerte, con ayuda o con trabajo y paciencia unos llegan y otros no. ¿porqué? ¿Cómo tratar con esa diferencia de logros? muchas emociones pueden desencadenarse y es difícil manejarlas y, peor aún, también hay que decidir si se sigue ese viaje o ha llegado el momento de cambiar de tren o cambiar de ciudad. Lo único que sabemos seguro es que el sol, la luna y las estrellas seguirán brillando, tanto si miramos como si no.