Es más fácil llegar a una meta que se persigue cuando uno se compromete públicamente en pretender aquello que queda por alcanzar, que si se lo calla para si.

Silenciar tus propias expectativas implica miedo al fracaso, y supone una apuesta por uno mismo perdedora. Sin embargo dar a conocer los propósitos consigue que la meta-objetivo se convierta en un reto de desarrollo social, y los retos se interiorizan como la actitud ante una carrera. Puedes ganarla o perderla pero sales a darlo todo.

Ocurra lo que ocurra, que no sea por falta de ganas. Por eso cuando expresas objetivos te comprometes a perseguirlos, si evitas expresarlos huyes del compromiso, disminuye la motivación de superación y automáticamente te distancias de su consecución.

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