La gravedad nos obliga a ver  las cosas desde la verticalidad con la que nos mantenemos en pie.

Sin darnos cuenta nos perdemos parte del mundo y las posibilidades que nos ofrece entre los estandares de equilibrio y el riesgo de la pérdida del mismo, entre la visión políticamente correcta del mundo y cualquier alternativa menos popular, entre la seguridad de lo normativo y el riesgo de lo desconocido, entre el mundo conocido y los proyectos por explotar.

Si algo nos permite el medio acuático es ver el mundo a través de la pérdida de la gravedad, desde otra dirección, óptica y composición. Además el verano supone distanciarse de la mirada severa (gravedad), con la que atendemos los compromisos el resto del año.

Permitámonos descubrir sin miramientos el visillo de la cautela, para aprovechar ese cambio de dinámica estival y barajar los proyectos por explorar. Iniciemos con ilusión la vuelta de vacaciones, dejando la espada de Damocles del  miedo al fracaso en el curso anterior

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