El cariño empieza por el contacto que facilita la cercanía. Y cuando ésta abre la puerta al amor, el enamoramiento sólo atiende a emociones, por muchas sinrazones que adviertan la falta de conveniencia. Por eso se dice que el amor no tiene raza, no tiene sexo, no tiene edad…

El amor es una orquesta de emociones esperando la entrada del suave roce del arco, acariciando las cuerdas del Stradivarius que todos llevamos con nosotros. Los simples gestos de cariño convierten esa caricia en el cosquilleo de la boca del estómago, que suena a música celestial.

En ese momento da igual hasta la correspondencia. Es entonces que te ha tocado la varita del amor. La orquesta del amor a la vida está apunto de dar comienzo. Y esa, lo que no tiene son contemplaciones.

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